El timo de las bayas del Goji
Ultimamente proliferan en los mercados una especie de pasa, de color rojo intenso, conocido bajo el nombre de "Bayas del Goji" o "Bayas del Goyi"(de los dos modos lo he visto escrito). Se les atribuyen propiedades casi mágicas, entre otras retrasar el envejecimiento, ayudar a la circulación de la sangre, bajar el índice de colesterol, mejorar la visión, aliviar el dolor de cabeza,...
Según su "historia", se trata de los frutos desecados de un arbusto silvestre que crece a 4.000 metros de altura en el misterioso Tíbet, en las estribaciones del Himalaya. Según la misma historia, todos los intentos de cultivar dicha planta fuera de su habitat han resultado imposibles.
Pues bien, desde aquí, mi pequeño blog, me gustaría desmitificar éstas bayas, y tratarlas de lo que son, un engaño miserable, como lo son las putas pulseras holográficas(denunciadas por las asociaciones de consumidores), el té chino del Dr. Ming, las mantas magnéticas, y, anteriormente los chinitos de la suerte, las pulseras antirreuma o el Actimel y sus maravillosas bacterias colonizadoras del intestino.
¿Alguien se ha parado a pensar en la vegetación que hay a 4.000 metros de altitud? pues, basicamente, hierba. Algún pequeño arbusto deformado por el viento, en número escasísimo, y, desde luego, ningún fruto. La reproducción de éstos pequeños vegetales es anemocórica(dispersión por el viento) o balenocórica(dispersión mediante expulsión). También hay estepicursores(plantas que, una vez completado su ciclo vital son arrancadas por el viento y desplazadas de un lugar a otro).
Además, ¿cuántas plantas debería haber para producir tanto como hay en el mercado? Aquello debería ser poco menos que una selva.
La realidad es bien distinta. Las tan manidas bayas son el fruto de una solanácea(familia a la que pertenecen tomate, pimiento, berenjena,...) de nombre Lycium Barbarum, prima hermana del Lycium Europaeum o Cambrón, muy común en las montañas de nuestro Levante. Ni siquiera se obtiene de una planta salvaje, si no de variedades cultivadas en el norte de China, en las márgenes del río Amarillo.
Así que de bayas del Tibet, nada. Chinas, como un altísimo porcentaje de las cosas que consumimos a diario. Y tan milagrosas como cualquier otro placebo.
